Una puerta rústica partida , un patio de paredes blancas, una ventana y un tiesto lleno de flores… Recuerdo a mi abuela cocinando en el hogar, con la hoja superior abierta para ventilar la cocina, mientras hacia esos pucheros tan ricos, y con la hoja inferior cerrada para que las bestias, aprovechando un descuido, no se dieran un festín de comida casera.

Asomada con la cuchara de palo en la mano, de una voz, ponía firme a perros, gatos, y a cualquier animal o persona que estuviera cerca.

 

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